Cierro los ojos.

Empiezo a oír como las olas del mar rompen contra las rocas, con fuerza. Las gaviotas sobrevuelan el puerto. Respiro hondo y ese olor a sal me cala hasta los huesos. La arena caliente comienza a pegarse por todo el cuerpo, sin dejar apenas hueco. Voy hacia la orilla y parece que el agua y yo jugamos al “pilla,pilla”, tan fría, tan marina. Miro hacia el horizonte sin saber muy bien a donde, pero te busco con la mirada, sin conocerte , sin leerte.

Abro los ojos.

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