No se muy bien cuando fue la primera vez que la vi, ni siquiera recuerdo su primer beso, ni su primer abrazo, pero si su tacto. Es tan dulce que se puede comparar con las nubes de azúcar, es tan cálida como un amanecer de verano, tan hermosa que le hace la competencia a la misma luna. Su nombre le hace justicia a su forma de ser, mi Rosa, la más bonita de todas las flores.

Y no es otra, sino ella. No es cualquiera. Nadie se le asemeja, nadie la igualará jamás. ¿Que haría yo sin ella? Me pregunto cada día, mientras ella me dice una y otra vez:

“Mi pequeña Ly, ¿te he dicho que te quiero? Porque te quiero con toda mi alma.”

Y es que solo una persona te llega a querer así en la vida, con esa fuerza, con esa ternura, con esa locura.

La miro y mi mirada se vuelve la más bonita, no por mis ojos sino por las vistas, esa sonrisa, esos ojos que sin decir palabra te dan la fuerza necesaria. La manera en la que se toca el pelo, esas caricias que nadie podrá superar (Pues no es la caricia es quien te toca).

Y es que hablar de ella, es hablar del mismo paraíso, la que me ha inculcado el amor por las letras, por la perfección con la que ella escribe y te (d)escribe, de esa magia que tanto la caracteriza.

Ella, mi mayor tesoro. La persona que me dio la vida y me enseño a vivirla.

GRACIAS MAMA.

 

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