He cerrado los ojos y al abrirlos seguías ahí. Tu cuerpo es una poesía y mis manos no pueden resistirse a escribir, tu cama se convirtió en papel, en el que se podía leer que nuestros cuerpos eran los dos protagonistas de la mejor novela jamás escrita. Me miras y sonríes, te miro y me sonrojo. Hablamos con miradas y abrazos, somos más de amarnos o matarnos, somos más de blanco o negro, nunca nos gustaron las medias tintas. Tu sonrisa se convierte en el mejor soneto, en la que sus versos son tus besos, los catorce besos más intensos del mundo. He visto brillar una estrella de día, situada en el muslo izquierdo de tu cuerpo, también llamado lunar. Si hablamos de tu mirada, hablamos de esperanza. Tus dedos dibujan el contorno de mi cuerpo como nadie jamás lo ha hecho, firme y sin miedo.

Los días pasan y pasarán y tú seguirás haciéndome algo más poeta.

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