Me llamas diciendo que no quieres recordar más mis formas, ni mi media sonrisa, ni mis lunares que te persiguen cada noche tras cada trago. Me pides que pare esta tortura, que la culpa la tienen mis labios, que te hicieron preso. Quieres ser el pájaro libre que fuiste, pero te da miedo, pues sabes que el ayer no es compatible con el hoy, y solo de pensarlo sientes vértigo.

Porque ahora soy tu peor pesadilla cuando antes era la mejor sonrisa, cuando no había mejor mancha de “chocolate” que la de mi boca, ese lunar que te tenía horas y horas enganchado a mi. Adorabas tantas cosas que ahora odias. Adorabas mis locuras y mis inquietudes, adorabas como me reía cuando estaba nerviosa, como agitaba los brazos encima de tu moto, y … ahora odias que ya no sea yo quién mueva los brazos pidiéndote que … “volemos juntos para siempre“, odias que mi sonrisa no se refleje en tu retrovisor, odias tener tan presente mis ojos.

Me pides que responda a como una niña pudo enamorarte de tal forma, pero no hay respuesta. Supongo que ese ha sido el fallo, que siempre fui una niña para ti, cuando cada segundo me esforzaba por ser “la mujer de tu vida”. 

Ahora me llamas cobarde por marcharme, y juras que nadie será capaz de amarme, como un día tú juraste.

Jurar es gratis, lo caro es creer en alguien en estos tiempos.

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