Amor, susarraste. Un intenso silecio se apropió de la habitación, donde aún olía a desastre después de la última discusión. Temía mirarte a los ojos. Temía por lo que podría encontrar al buscarte y no encontrarte como la primera vez. Me pedías, me suplicabas que me girase, que no saliese por la puerta dejandote el frío invierno en la piel. Aprete con fuerza el corazón y con la cabeza fría abrí la puerta de la desidia, dejandote atrás. Sentí un intenso dolor en el estomago, queriendo devolver ese amor.

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