No conocí hombre más ruin que él.
Era capaz de saquear un corazón e irse tranquilamente sin miedo de que alguien pudiese detenerle.

Sufrí. Sufrieron continuos robos durante años, pero la culpa en realidad no era de él sino de ella(s),
como a nadie jamás se le ocurrió poner una alarma a algo tan importante.
Era como un regalo para él.

Entraba sin que nadie se diese cuenta,
sin forzar la entrada
pero destrozando todo a su ida.

Y así quedaba todo;
La vajilla de su futura boda destrozada,
el sofá ensangrentado por las lágrimas de la decepción,
la cama de matrimonio dividida para dos,
los recuerdos en una caja, en la hoguera del dolor.

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