Al principio dolió, como si me hubiesen disparado 1000 dardos al corazón,

lo peor no fue eso,

sino darme cuenta de que eras quien los disparaba.

Tras unos minutos de silencio,

de notar como la vida se me iba por la puerta de atrás,

me fuí yo de aquel lugar donde aún olía al último <te quiero>.

Espero que otros te quiten de la cabeza mi nombre,

que me superen en recuerdos y

que mastiquen si es necesario la huella que deje en tu piel.

Que tú –por un momento– te vuelvas a sentir lleno.

Que al escuchar mi voz no te gires a buscarme,

que al verme no se te llenen los ojos de recuerdos,

que cuando digan mi nombre desees que no vaya acompañado

de la palabra ·tarde·, aunque sea la verdad.

Porque nada es más tarde para nosotros que volver a ser.

Porque el pasado no se convierte en presente sólo por querer,

querer.

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