He visto reír a Madrid a 390 Kilómetros de sonrisa de tu casa a la mía,

a tres horas y media de penas y alegrías.

He oído como se iba a acostar tropezando con sus propias palabras

mientrás el resto del mundo amanecía.

Me imagino cuántas veces se habrá perdido de pequeño queriendo crecer,

cuántas veces habrá querido dejar para ser.

Él es el sexto sentido de Madrid.

El séptimo cielo de cualquiera.

La octava melodía del día,

la novena sinfonía de esta noche.

Encontró el amor y sólo le duele cuando desafina,

ella tiene seis cuerdas y un cuerpo de envidia.

Algún día, añadirán a la ruta turistica ese lunar

para acabar en quién sabe donde.

Y ojalá, ese día llueva.

Y eso, que Madrid sonríe y el mundo está ciego.

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