Reconozco haber sido la malaputa de cualquiera al que Rafa canta,

he sido el columpio con alas de Marwan

y he llorado pensando en Rosa y Manuel cuando Andrés habla.

No he sido ni la mitad de lo perfecta que Luis Ramiro cuenta de ella,

y nunca he llovido por miedo a dejar el alma del que ama empapada.

He tropezado con el acento de Diego y he caído sobre una boca isla,

donde alguien una vez me salvo de mi misma.

Conocí el valor de un te quiero en la tercera cuerda del violín de Marino y sólo sé que duele cuando éste calla.


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