Búscame cuando te hayas cansado de que ella te de siempre la razón, de que le guste todo lo que haces. Y lo que no, se lo calle.

Ll-ámame– cuando ella no sepa en que muslo tienes el lunar que un millón de veces yo escondí con mi pulgar. Deja de pensarme cuando le digas que la quieres, porque todos sabemos que no se puede prequerer a alguien en quien no piensas cuando te acuestas y tampoco cuando te levantas. Deja de soñarme mientras el baho se apodera de los cristales de tu coche, cuando desearías que yo fuese ella.

Y si te pregunta por mi no enmudezcas. No hay peor silencio que el callarse cuando te preguntan por la persona que una vez te lleno el corazón y hoy recuerdas. No es su culpa encontrarse en medio de dos corazones que no han aprendido a latir el uno sin el otro. Aún sabiendo que juntos tropiezan. Tampoco es nuestra culpa habernos aprendido de memoria.

Dejémonos de culparnos.

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