Y yo que me equivoco a menudo de dirección, que me salto los semáforos en rojo -de tus dudas- y asalto todas las noches tus miedos.

Jamás, óyeme bien, jamás, podré ser una buena mujer todos los días de mi vida. Y mucho menos, todos los días de la tuya.

Me cuesta levantarme, desenredar mis sueños y llevarlos a cabo. Me pierdo, tanto, que pocas veces me encuentro a solas. Siempre rodeada de gente con prejuicios, casi nunca de personas -respetuosas-.

Y cuesta aguantar, amoldarse a una sociedad marchita, machista, disfrazada de valores, que pocos no son mentira.

Me arrepiento sólo de lo no vivido, de todos los cafés que una vez deje a deber en una boca que hacia esquina con la mía, de cada una de las noches que no hable por vergüenza al sonrojo. Por la búsqueda de tu sonrisa que di por perdida.

Por darnos como siempre por perdidos.

Por la lluvia en tus ojos y por mi miedo a no sentir vértigo,

cuando te veo.

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