Sabes, a veces te digo que no pasa nada pero me encantaría decirte que todo esta mal desde que tú te fuiste, ponerlo como escusa resulta inútil. Y es que, no es que te hayas ido, es que me faltas.
Es como si la mitad de mi se hubiese ido antes de poder decir, ¡para! antes de dejar que te llevases lo que era mío.
Te fuiste, claro que te fuiste, fue tu decisión no la mía. Porque de haber sido mía, seguirías aquí. Aún.
Sonriéndome, diciéndome que el sol más bonito es el de mi mirada y que no hacen falta palabras. Que eramos uno, que para nosotros no había número dos y mucho menos los números que le siguen, que te persiguen.
Que no había nadie más antes que nosotros, que sólo nosotros, era la palabra. No sé si me entiendes o a lo mejor no me explico, me gustaría decirte que todos los finales eres tú, sin haber final, es decir, que sólo estabas tú.
Me encantaría contarte tantas cosas, tantas, que a veces me pregunto si valdría la pena escribirlas, si valdría la pena contarle a todo el mundo que para mi y solo para mi, tú y sólo tú,bastaba.
Que podría haber un mal día, podría estar nublado, podría llover o tronar, pero no importaba estabas tú, estábamos, sí, nosotros.

-Soy incapaz de decirte que te quie…- es como si el nudo de la garganta hubiese atrapado todas mis palabras y sólo me permitió decirte las malas antes de marchar.

Fue el orgullo o no sé.
Lo único que sé…                                                  es que me faltas.

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