Si en algo estamos de acuerdo es que nuestra historia no es más que un capítulo inacabado con el peor sabor de boca. Es ese poema a medio hacer que te deja con ganas de más o quizás de menos, dependiendo del dolor que te provoque entre el estómago y el pecho. Somos los actores secundarios de nuestra propia vida porque les cediste el protagonismo a terceras personas. Y yo te quería, yo te quería.

Pero ya no. Tarde. Como nuestro último abrazo, como tu perdón: seco y vacío de sentimiento.

Ahora tengo el corazón despegado de mentiras y falsas promesas, con planes de futuro a medio querer. Supongo que el amor es eso, la ilusión y el desengaño de no envejecer juntos, de prometer y faltar a cada una de nuestras palabras, ya olvidadas.

No sé donde esconderme cuando la primavera me recuerda que te fuiste con complejo de Otoño precipitándote sobre mis versos para olvidar lo que una vez fuimos y ya no.

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