Llevo casi una hora esperando a que llegues con la esperanza en las manos,

que vengas con ganas de destrozarme los miedos y los labios.
Son las tres de la tarde pero supongamos que me pongo a menos diez
y tú me haces algo más revolucionaria.
Entonces tu ropa con la mía empieza a caer y empezamos a llover,
que eso siempre se me ha dado muy bien.
Tus manos están casi tan frías como mi corazón
y mira no es que no quiera quererte es que no me queda nada suelto
para apostar por otro amor mediocre que termine caducando
a los tres meses.
Y aunque lo tuviese tampoco me la jugaría.
Me agobia la idea de ser atada por cualquiera
que sea crea con el derecho de preguntarte con quién, dónde y por qué.
Soy demasiado libre como para eso,
así que si quieres atarme que sea un juego,
si quieres respuestas evita hacer preguntas.
 
Si quieres que te quiera…
                                                deja que me quieran.
 
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