Tiene un cuerpo de setenta y pocos

aunque su cabeza se quedo olvidada en sus ‘veintitantos’.
Su risa mueve mareas y provoca maremotos cuando no recuerda,
entonces mi corazón sufre junto a ella.
Llego a casa por partes, 
me mira desde lejos con dudas.
Mientras me acaricia la mejilla
me dice que mi cara se le hace conocida
pero no sabe quién puedo ser.
Cierra los ojos y suspira,
adoro cuando lo hace porque al abrirlos
es como si el mundo fuese menos injusto.
No importa que no sepas quien soy
si yo sé quien eres y quién fuiste.
Me agarra de la mano, nota esa pequeña cicatriz
que lleva ahí desde que nací y empieza a llorar,
entre lágrimas consigue pronunciar:
Que sólo conoce a una persona que tenga la misma cicatriz,
                                     mi niña.
 
No dejes de volver, porque yo no dejaré que te vayas nunca.
                          @Hazmepoesia
Anuncios