Tiene lunares hasta el final de la espalda,

una constelación de sueños en la comisura de la boca
y veintitrés maneras de decir te quiero con la mirada.
Se toca la clavícula buscando respuestas
a cada una de las dudas que le provocan tus preguntas,
y tú te ríes mientras ella tiembla.
Deberías quedarte a observarla,
¡dios! tendrías que ver como baila,
como apuesta mientras bebe,
a cuántos reta y a cuántos sería capaz de llevarse a la cama.
Y tú -estúpido- estás dejando que se pierda,
que la encuentren otros brazos
y cuando la des por perdida
la buscarás hasta debajo de las piedras,
pero entonces será tarde.
No sé que haces aún parado en el fondo de la barra
bebiendo como si nada te importará,
viendo como bate las alas,
sabiendo que ésta podría ser la última noche
que ella apueste a ciegas y contra todo pronóstico  
por ti y no por ellos.
Anuncios