Puede que haya perdido la cuenta
de todas las veces que me has dicho te quiero.
Seguramente hayamos ganado más batallas internas juntas
que guerras viviremos.
Has sido mi salvavidas en cada naufragio,
consiguiendo que mi risa siempre salga a flote.
Has hecho saltar por los aires media ciudad al verme llorar
y has salido a buscarme
aún cuando yo ya me daba por perdida.
He tenido la suerte de ver como Roma se reconstruía al verte sonreír,
y de como Venecia nos hacía indestructibles.
Lo que quiero decir es que los Lunes parecían ser siempre Viernes a tu lado
y que los Domingos dejan de ser tan horribles si son contigo.
Adoro cuando me sorprendes, cuando me dices que me entiendes
y te llevas las manos a la cabeza o cuando me prometes que estarás despierta
y el sueño te vence.
Pero lo que más me gusta es que no te das cuenta
de lo bonita que realmente eres,
de lo peligrosa que puedes llegas a ser con un ‘te lo dije’ en los labios
y de la capacidad que sólo tú tienes para arreglarme los rotos con un abrazo.
Llamémosle suerte o destino
pero desde que tú me quieres todo es distinto.

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