Hoy he vuelto a discutir con nuestro pasado,
de fondo Damien Rice intentaba evitar el diluvio universal
desde el precipicio de mis labios.

Después de tanto seguías llevándote mis mejores años
en maletas de cuatro minutos.

Sabina aquella noche se quedó atrapado entre las diez y las once,
a Pereza se le calentaron los pies
y Leiva jamás volvió a encontrar nuestra estrella.

Desde aquel día amanezco un poco mas cuerda
y siento que algo me está atando las alas.
Pero no te preocupes porque siempre acabo encontrando la manera de huir;

tú mejor que nadie lo sabes,
tú que me encontraste huyendo,
que me quisiste a tiempo.

Quién sabe mañana quizás vuelva a entender porque decidí quedarme,
dejar de mirar hacia atrás para mirarte
y decirte que a veces no tengo razón,
que volvería a equivocarme sobre tus labios y en ellos también.

Que seguiría eligiéndote tres mil veces más,
que te besaría hasta que me dijeses -basta-
y te rieses como un niño a punto de estallar de felicidad.

Te diría que si tú quieres,
huyamos juntos.
Que yo te quiero,
y huir también.

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