Era la misma de siempre con el pelo despeinado

y con un miedo inexplicable a la gente,
se tocaba la clavícula cuando estaba nerviosa
y creía perder el equilibrio cuando se sentía observada.
Fruncía el ceño y como si estuviese gritando su canción favorita
pasaba, pasaba y pasaba, queriendo pasar lo más rápido posible.
Era una chica increíble,
de esas que no podrían dejar de estar a la altura ni queriendo,
porque en el fondo de esos ojos sabor café
cualquiera podría ver dos precipicios con vistas al paraíso.
A pesar de ello y de ella,
bailaba como una loca y bebía como un Holandés.
Siempre rodeada de cervezas y cigarros, vacía de miedos los sábados
y a veces estaba dispuesta a comerse el mundo y la boca de cualquiera
que le retase a quedarse a ver la vida pasar.
Pero tenía la asombrosa capacidad de desaparecer sin dejar rastro.
Valiente loba, valiente niña, valiente estúpida de labios rojos,
¿hasta cuándo vas a seguir huyendo?.
                                                                      @HAZMEPOESIA
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