Sabes, en realidad no estoy encantada de volver a verte

porque para serte sincera me parece una gran putada.
Como si al destino le gustase ponerme la zancadilla y partirme los dientes,
como si quisiese ver como mi corazón pende de un hilo cuando tú,
cuando tú ya nada. Y yo tampoco.
Que estoy cansada de tu sonrisa de como si la vida no nos hubiese pasado por encima,
cuando todos nuestros recuerdos han roto lo bonito que podría haber quedado de todo lo que una vez fue.
Que estoy harta, harta de que te creas con el derecho de volver a mi vida cuando tú crees que es el momento,
cuando ya no, ya no.
Que tu camino y el mío dejaron de llevar a Roma hace mucho. Pero salimos igual, en ruinas.
Tenías razón me merecía algo mejor, merecía huir y querer.
Aprender a quererme y a saber que si tengo que tener miedo de algo o algo,
es de mi misma, porque soy la única capaz de autodestruirme.
Que esta vez no me giraré, seguiré hacia delante como debí hacer cuando deje de importarte,
porque estoy cansada.
Me cansé de esperarte, de poner mi corazón en medio de la puerta
y ver como siempre la cerrabas de golpe, sin pensar por un segundo, que yo había decidido quedarme.
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