Hoy los recuerdos han vuelto a visitarme. Tus fantasmas han revuelto mi vida de nuevo y la han puesto patas arriba, como si eso fuese tan difícil cuando se trata de ti. Han regresado con el invierno entre los besos y he sentido frío al no encontrar tus abrazos entre suspiros.

Las dudas que me atraparon, los ‘no quiero verte’ que eran mentira, ‘los vete y déjame’ que te suplicaban que me salvarás de mi misma. El ‘jamás’ que me lleno la boca y me vacío por dentro, las ganas de pedirte perdón por sacarte de mi vida y por no pedirte que volvieras al punto exacto que unía nuestras sonrisas. Justo ahí, sí, ahí.

Cuando nuestros labios pedían guerra y tus brazos hacían de trinchera.

Ven, no te quedes, vuelve, sácame de aquí, esto es un sin vivir, sin ti. Sin mí.

Que me niego a pasar página porque tengo miedo a hacerme una herida que lleve tu nombre, y eso duele. Duele como quinientas avispas revoloteando alrededor del corazón de un alérgico, del mío.

Que no somos de nadie, pero fui tuya todas las veces que me agarraste de la cintura cuando cruzaba sin mirar, las trescientas veces que no te rendiste, la primera vez que me dijiste ‘te quiero’ con el miedo entre los dientes.

Y la última vez que nos miramos como si nada, cuando ya todo.

¿Recuerdas lo que te dije cuando nos conocimos?

Mantengo la promesa, lejos o cerca, no importa cuanto pase, cuanto nos pase, quién o cómo, me niego a dejarte olvidado en alguna esquina remota de mi vida.

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