Hay ciento treinta y cinco pasos de un lugar a otro, quizás pocos para muchos y muchos para pocos. Entre pisada y pisada hoy he tropezado con tres miradas morbosas, una prejuiciosa y la mía propia en un reflejo,un silbido y un repaso de arriba-abajo de todo mi cuerpo. Soy mujer, también libre como tú, como cualquiera. Y ser libre no es malo. Donde la mayoría ve un piropo yo veo acoso. No exagero, tampoco invento. Os diría como iba vestida pero no creo que tenga que dar esos detalles a nadie, repito a nadie. Y tú tampoco. Da igual si eres hombre o mujer, todos en algún momento hemos sido el objetivo de alguien que nos hizo sentir el ombligo del mundo, como si no nos llegase con ser el nuestro propio. Siento pena al ver como una gran parte de mujeres se mira como amenaza, se juzgan y abren una guerra entre ellas. Me da pena, y mucha. Tanta como cuando siento que un hombre está violando todos mis derechos con la mirada sin tan siquiera conocerme, sin permiso y sin darse ‘con o sin’ cuenta de que está pasando todos los límites, también los míos.

Pena. Siempre he pensado que es lo peor que se puede sentir por algo o por alguien, lástima y lastima al fin y al cabo muchas veces van de la mano, como si una tilde pudiese provocar tanto daño.

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