Es casi la una y no te estoy esperando, y eso es lo segundo más triste de esta noche en la que de golpe ha vuelto a ser invierno. Mi habitación está a menos veintisiete grados y en mi corazón sigue siendo noviembre. He perdido las cosquillas y por una vez, también la razón. No consigo dormir porque la mitad del tiempo mis brazos buscan tu espalda como quien busca sin suerte su trébol de tres hojas en medio de un campo de minas. Que llevo dos días dejando la luz encendida porque mantengo la esperanza de que en algún momento vendrás y por ser el último te tocará apagarla y comerme a besos.Quizás a la tercera soy la vencida y me toca apagarme. Los nervios y este echarte de menos me han mordido las uñas.  Me he quedado con el truco pero he perdido la magia, los semáforos rojos se han vuelto interminables y yo un poco menos infinita desde que no me llamas desde el borde de la cama.

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