A ti que te encontré huyendo, tú que me encontraste huida y herida.

Al que lleno mi vida de luces de navidad, y lleno de amor toda la ciudad en cada semáforo en rojo.

Tú que me has mirado de reojo y abrazado a tiempo cuando me perdía en mi misma.

Quien fue capaz de hacerme inmensamente feliz sin llegar a saberlo,

quien se subió a un balancín sin darse cuenta de que estaba poniendo mi corazón en una balanza, y ya estaba de su parte.

Tú que me has visto atardecer y amanecer con un humor de perros, también de gatos.

El que sabe que punto apretar para que ría a carcajadas y el único capaz de hacerme sentir infinita llamándome pequeña.

Quien tuvo miedo y prendió fuego a la ilusión. El que golpeó no una sino dos veces los brazos que lo sujetaban. Los que todas las noches terminaban buscando su espalda para sentirse a salvo.

Yo que te quise sin medida, tampoco de tiempo.

Tú que hiciste de un nosotros, terceras personas.

 

Y ahora,

ahora vacío.

Sal en la herida, limón y recuerdos.

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