Me hubiese gustado ser la mujer que soy ahora cuando fui contigo, y ahora que ya no somos entiendo a que sabe el amor a medio hacer, a medio acabar y también lo amargo que es no saber decir adiós. Ojalá hubieses conocido esta parte más entera de mí, una versión mejorada de la chica repleta de magia que conociste aquel Martes 13. Pero, que hubiese sido de todos esos días en los que echarnos de menos era echarnos a suertes. Me hubiese gustado ser quien soy siendo contigo, pero seguramente no te hubieses enamorado de mí, ni de la niña que tanto te gustaba tener entre tus brazos, ni tampoco de todas las tropecientas veces que me hiciste soplar un diente de león deseándote, como nunca. Que en realidad no me gustaría ser porque de haber sido ni tú ni yo nos hubiésemos enamorado de las tres salidas de emergencia que tiene tu cuarto, ni del paraíso que se encuentra al cerrar los ojos y sentir que puedo rozar el cielo con tus labios. Que de volver a ser me quedaría con eso que fuimos, a lo que -pase el tiempo que pase- nadie podrá negar que fue nuestro, como esa cicatriz de tu espalda que siempre te recordará que el amor a veces duele y que el vértigo es para aquel que teme amar. Que tú volverías a saltar y yo no podría evitar colgarme de tus brazos.

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