Este texto va dedicado para todos aquellos que me apoyaron, disculpa si me atraganto con la ironía mientras hablo. Un brindis por esa profesora de lengua -viperina-, la cual un día me dijo: De la poesía mejor ni hablamos, dedícate a otra cosa si es que encajas en algo. Por aquellas compañeras que más que echarme una mano quisieron partirme la cara y terminaron dejando mis complejos a un lado. Por todos aquellos que os habéis girado y me habéis silbado intentando llamar la atención y tenéis razón, no eráis para tanto. Gracias a todos los que nos decís que no valemos, porque estáis demostrando vuestro fracaso personal, y yo, yo no quiero ser como esperáis. Por las trece veces que me miré en el espejo y no encontré lo que esperaba por culpa de cuatro niñas acomplejadas, cuando ahí estaba todo lo que yo necesitaba. Gracias por la educación que dejáis a deber en vuestros hijos, es el vivo reflejo de la falta de valores en vosotros mismos.  Perdón a aquellos maestros que os toca lidiar con ellos, lo siento a esos niños que terminaran sufriendo las consecuencias de unos padres ocupados y unos hijos ‘asalvajados’. Siento esta sociedad machista que se las da de moderna, y a las modernas que se las dan de feministas. Pero no siento ser lo que no esperabais, os quedo pequeña la mordaza.

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