Tu pequeña.

A ti que te encontré huyendo, tú que me encontraste huida y herida.

Al que lleno mi vida de luces de navidad, y lleno de amor toda la ciudad en cada semáforo en rojo.

Tú que me has mirado de reojo y abrazado a tiempo cuando me perdía en mi misma.

Quien fue capaz de hacerme inmensamente feliz sin llegar a saberlo,

quien se subió a un balancín sin darse cuenta de que estaba poniendo mi corazón en una balanza, y ya estaba de su parte.

Tú que me has visto atardecer y amanecer con un humor de perros, también de gatos.

El que sabe que punto apretar para que ría a carcajadas y el único capaz de hacerme sentir infinita llamándome pequeña.

Quien tuvo miedo y prendió fuego a la ilusión. El que golpeó no una sino dos veces los brazos que lo sujetaban. Los que todas las noches terminaban buscando su espalda para sentirse a salvo.

Yo que te quise sin medida, tampoco de tiempo.

Tú que hiciste de un nosotros, terceras personas.

 

Y ahora,

ahora vacío.

Sal en la herida, limón y recuerdos.

Versos de buenas noches.

A ti que me lees a escondidas cuando el cielo se vuelve ceniza, el que me enseño que Dublin puede ser maravilloso durante cuatro minutos en una canción. Si, tú. El chico de tres minutos más y nos hacemos dueños del mundo, pero ahora toca soñar. Déjame un poquito de espacio en tu espalda que en tu pecho sé que tengo más abrazos que tropiezos. Haz intermitente esto que es tan nuestro que nadie podrá jamás etiquetar, llámame cuando de señales y también cuando no las de por si. Por si todo fuese a ser posible después de un te (quiero). Tú que me entiendes aún sin acabar las frases, aún cuando cierro los ojos y me vuelvo nube, tan oscura como fría, y duele. Lo peor, que tú también conmigo. Lléname la boca de sueños. Destápame los ojos de miedos, porque no servirá de nada taparlos si al abrirlos vuelvo a sentir el mismo vértigo que provoca una despedida. A ti que me has buscado aún con la certeza de saberme huida, a pesar de saber que podría ser un intento más, fallido. Al chico de ojos café que me provoca insomnio y ganas de todo. Tú que me has enseñado a ver luces de navidad por todas partes, yo que he aprendido a ser feliz contigo.

 

A mi chico.

Porque hay personas que son siempre.

Sabes, a veces te digo que no pasa nada pero me encantaría decirte que todo esta mal desde que tú te fuiste, ponerlo como escusa resulta inútil. Y es que no es que te hayas ido, es que me faltas. Es como si la mitad de mi se hubiese ido antes de poder decir, para, antes de dejar que te llevases lo que era mío. Te fuiste, claro que te fuiste, fue tu decisión no la mía. Porque de haber sido mía, seguirías aquí aún, sonriéndome. Diciéndome que el sol más bonito es el de mi mirada y que no hacen falta palabras. Que eramos uno, que para nosotros no había número dos y mucho menos los números siguientes. Que no había nadie más antes que nosotros, que sólo nosotros, era la palabra. Me encantaría decirte también, que tu mirada era mi apoyo, que no necesitaba ningún hombro en el que llorar, porque no lloraba, ni siquiera hacia el gesto y si lo hacía era de pura felicidad. No sé si me entiendes o a lo mejor no me explico, me gustaría decirte que todos los finales eres tú, sin haber final, es decir, que sólo estabas tú. Me gustaría decirte tantas cosas, tantas, que a veces me pregunto si valdría la pena escribirlas, si valdría la pena contarle a todo el mundo que para mí y solo para mí, tú y sólo tú,bastaba. Que podría haber un mal día, podría estar nublado, podría llover o tronar dentro de mi pecho, pero no importaba estabas tú, saltábamos entre los charcos de mi pasado, nos mojábamos, eramos niños con una pizca de madurez. Quizás yo me di cuenta tarde o quizás nunca te lo dije a tiempo, ambas cosas resultan inútiles decirlas ahora. Me gustaría tenerte en frente aunque me temblase la boca y seguramente no podría articular palabra. Me encantaría decirte tantas cosas que no soy capaz, es como si el nudo de la garganta hubiese atrapado todas ellas y sólo me permitió decirte las malas antes de marchar. Fue el orgullo o no sé. Sí, supongo que fue el orgullo el que me ato a mí misma, y echarle la culpa ahora mismo por el motivo de que te hayas ido, no, no tiene sentido. Supongo que alguien algún día te merecerá, está claro que sí. Eres realmente increíble, como no te van a querer.

 

 

@HAZMEPOESIA

Donde tú ves un piropo, yo veo acoso.

Hay ciento treinta y cinco pasos de un lugar a otro, quizás pocos para muchos y muchos para pocos. Entre pisada y pisada hoy he tropezado con tres miradas morbosas, una prejuiciosa y la mía propia en un reflejo,un silbido y un repaso de arriba-abajo de todo mi cuerpo. Soy mujer, también libre como tú, como cualquiera. Y ser libre no es malo. Donde la mayoría ve un piropo yo veo acoso. No exagero, tampoco invento. Os diría como iba vestida pero no creo que tenga que dar esos detalles a nadie, repito a nadie. Y tú tampoco. Da igual si eres hombre o mujer, todos en algún momento hemos sido el objetivo de alguien que nos hizo sentir el ombligo del mundo, como si no nos llegase con ser el nuestro propio. Siento pena al ver como una gran parte de mujeres se mira como amenaza, se juzgan y abren una guerra entre ellas. Me da pena, y mucha. Tanta como cuando siento que un hombre está violando todos mis derechos con la mirada sin tan siquiera conocerme, sin permiso y sin darse ‘con o sin’ cuenta de que está pasando todos los límites, también los míos.

Pena. Siempre he pensado que es lo peor que se puede sentir por algo o por alguien, lástima y lastima al fin y al cabo muchas veces van de la mano, como si una tilde pudiese provocar tanto daño.

Trébol.

Trece de trébol, de suerte, de amor.

De quédate un ratito y luego ya veremos.

De súbete a mi cama y bájame los miedos,

los humos y hazme creer en el ‘te quiero’.

Susúrrame a mordiscos, bésame las cicatrices

y recuerdame porque hice de tu espalda

un mapa de camino a casa,

con sus vértices y sin directrices.

Cuídame pero no me calles,

no me pares.

No me digas ni sí ni no.

Dime que sin alas soy libre y que.

Que si me quedo sea porque trébol,

y suerte porque me quieres.

 

@hazmepoesia

Tercera guerra mundial.

Si algún día dejo de quererte, llévame flores. No hay persona más cruel que la que se ha dado por perdida, dando por perdido todo. Siempre tropiezo en mis recuerdos que le voy a hacer tengo dos pies derechos que nunca supieron muy bien que hacer. Que soy más de callar un te quiero que de gritarlo, porque normalmente cuando te elevan la voz te acaban haciendo daño. Lo aprendí de pequeña cuando. Tengo una caja de sueños que estar por llenar y suelo lamerme las heridas cuando llueve, cuando nadie me recuerda que se quedó porque quería sino porque tenía cara de necesitarlo. El día que creas que te necesito vete, no permitas que sea tan débil como para suplicar algo tan humano. El día que no me veas seguramente habrá llegado el momento en el que empieces a ver la vida a través de mí y no conmigo. Quizás eso acabe haciéndote feliz. A lo mejor, yo también ‘sin·tigo’. He pensado que muy loba tiene que ser la vida para que hayas sabido cuidarme y yo todavía no tenga ni idea de quererme. Pero es hora de salir a bailar, me han declarado tercera guerra mundial. Y oye,  qué bonito. (También desastre).

@Hazmepoesia

Odio.

 

Odio que me miren y sentir como sus prejuicios caen en picado sobre mi espalda,

odio saber lo que estáis pensando y ni siquiera poder entenderme a mi misma.

Odio vuestras risas cuando son sobre alguien, y más si son contra quien quiero.

Me quiero.

Espero que hayáis sabido apreciar el detalle, si es que aún podéis.

Odio vuestra hipocresía y vuestros ‘lo siento’ cuando ya son demasiado tarde.

Tarde.

Odio tener que encajar dentro de vuestros ideales, porque desbordo.

Odio que os creáis con el derecho de hacer sufrir a alguien,

me dais pena.

Y creo que eso es peor que el odio,

por eso no os odio.

@Hazmepoesia

Entrada de emergencia.

Hoy los recuerdos han vuelto a visitarme. Tus fantasmas han revuelto mi vida de nuevo y la han puesto patas arriba, como si eso fuese tan difícil cuando se trata de ti. Han regresado con el invierno entre los besos y he sentido frío al no encontrar tus abrazos entre suspiros.

Las dudas que me atraparon, los ‘no quiero verte’ que eran mentira, ‘los vete y déjame’ que te suplicaban que me salvarás de mi misma. El ‘jamás’ que me lleno la boca y me vacío por dentro, las ganas de pedirte perdón por sacarte de mi vida y por no pedirte que volvieras al punto exacto que unía nuestras sonrisas. Justo ahí, sí, ahí.

Cuando nuestros labios pedían guerra y tus brazos hacían de trinchera.

Ven, no te quedes, vuelve, sácame de aquí, esto es un sin vivir, sin ti. Sin mí.

Que me niego a pasar página porque tengo miedo a hacerme una herida que lleve tu nombre, y eso duele. Duele como quinientas avispas revoloteando alrededor del corazón de un alérgico, del mío.

Que no somos de nadie, pero fui tuya todas las veces que me agarraste de la cintura cuando cruzaba sin mirar, las trescientas veces que no te rendiste, la primera vez que me dijiste ‘te quiero’ con el miedo entre los dientes.

Y la última vez que nos miramos como si nada, cuando ya todo.

¿Recuerdas lo que te dije cuando nos conocimos?

Mantengo la promesa, lejos o cerca, no importa cuanto pase, cuanto nos pase, quién o cómo, me niego a dejarte olvidado en alguna esquina remota de mi vida.

Re.cuerdos.

 

Por un momento he pensado que qué sería de nosotros si no nos hubiésemos dado por perdidos, a qué orilla de mi vida seguirías anclado o cuántos versos te habría dado desde que te cruzaste en aquel punto nostálgico de mi risa. Cuántas bocas no hubiese conocido ahorrándome el incendio, cuántas puertas hubiese vuelto a abrir por verte amanecer o cuántas veces me hubiese creído de nuevo astronauta posando mis dedos sobre tus lunares.

Cuántos días hubiesen bastado para pedirte que volvieras, que volviéramos. Cuántos necesite para creer que esto era lo mejor, pero lo que no sabes es que cada noche cerraba todas las puertas para no salir a buscarte por toda la ciudad, para darte tu espacio y entender que si volvías sería porque tú querías, no porque yo lo necesitaba.

Cuántas veces me arrepentiré de tenerte fuera de mi vida, que duele incluso más que no tenerte, que quema por dentro y no perdona este no saber que hacer.

 

 

 

@Hazmepoesia

A veces.

Era una chica feroz,
con labios de gominola
y algún que otro diente de león.


Iba siempre sonriendo
como si quisiese impresionar al sol.
Y creedme, a veces lo conseguía.


Sólo necesitaba ponerse aquel vestido de flores
que hasta al más nublado le hubiese aclarado la vista.


Con solo mirarla te daban ganas de soplarle los miedos,
de bailarle las dudas y de contarle todos los lunares de la espalda.
Sobre todo aquellos que tenía en forma de flecha,
como si estuviesen pidiendo a gritos que empezases a besarla.

 

A veces el amor no es a primera vista,

pero si a primera palabra: Encantada.